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/ Firmas / Dr. Enrique Tamés Muñoz
Este espacio ha sido ocupado infinidad de veces, sobre todo en la pluma de mis colegas, por el tema de la construcción de ciudadanía a través de los procesos de involucramiento de la gente con las tecnologías de la información. Así como atraviesa al entretenimiento, así como atraviesa a la comunicación, las tecnologías de la información se han convertido en esa médula sobre la cual la sociedad puede construir una gran cantidad de estructuras para la vida política del siglo XXI: rendición de cuentas, eficiencia administrativa, propaganda y, por su puesto, ejercicio democrático. Y sobre esto último quiero dedicar algunas reflexiones.
Varios son los países, sobretodo en Europa, donde el tema del uso de Internet donde diversas formas de votación electrónica (e-voting) y participación ciudadana están en plena etapa de madurez. Sin embargo, el caso de México es distinto, casi singular, por sus espacios y por sus tiempos.
Tiempos interesantes, los más, en este mundo y en este país. En México llevamos a penas unos cuantos años de vida democrática y el crecimiento, creo, ha sido mayúsculo. Y no es que estemos en el lugar que quisiéramos, sólo hay que considerar el hecho de que en este momento un gran porcentaje de mexicanos han vivido su vida adulta en un régimen de alternancia. No es poca cosa, aunque queremos más.
Dentro este cuerpo de hombre pero con espíritu aún púbero, casi infantil, nos vapulea la realidad cibernética con toda intensidad: nuestro nacer democrático se empareja con un cambio profundo de cómo hacer política, de cómo entender el papel del estado, sus límites, sus desavenencias y sus reinventos.
En este año, el 2012, echamos a andar un nuevo proceso electoral que definirá algunos de los puestos definitorios del rumbo del país para los siguientes 6 años. Y a diferencia de los ejercicios anteriores, hace 6 y hace 12 años, hoy nos determinan las condiciones del entorno digital, que influyen, que influirán definitivamente los resultados de este proceso electoral. Van algunas condiciones a destacar:
- Por primera vez en la historia del país, una entidad (la Ciudad de México) incluirá en sus formatos de votación la vía de Internet. Lástima que no se dieron las condiciones para hacer dicho ejercicio en todo el país. Simplemente, el voto de los mexicanos en el extranjero hubiera adquirido una dimensión mayúscula.
- Si bien la regulación del ejercicio de la propaganda política en Internet se encuentra en ciernes, lo que sucede en ese espacio, está marcando tendencia. El tuit, la página facebookiana, el blog, hacen del entorno digital una realidad.
- Y en ese sentido, es curioso ver cómo por primera vez en el país, los medios masivos de comunicación se nutren de la actividad política en los nuevos medios, y no al revés. Véase con detenimiento la cantidad de notas que tienen su origen en la publicación y circulación de hechos e ideas en las redes sociales.
- Los partidos políticos y los distintos organismos electorales están basando muchas de sus acciones en el reforzamiento de la información a través de las redes digitales.
En un país como el nuestro, ¿qué tan determinante será el tema de la actividad interneteana para la definición de resultados en la jornada electoral del próximo 1 de julio? Recordemos que estudios posteriores mostraron de manera muy clara que el triunfo electoral en el vecino del norte de Barak Obama no se dio por la participación de las minorías étnicas, sino de las nuevas generaciones de votantes, denominada la generación 2.0. Y si bien resulta obvia la diferencia entre la cultura digital entre los Estados Unidos y la de México, si nos enfrentamos a un escenario parecido al del ejercicio electoral de hace 6 años, donde la diferencia entre el ganador y el perdedor fue de a penas unos cuantos miles de votos, bien, pues esto podría ser indicativo de que la generación de votantes 2.0 en México podría también marcar la diferencia entre el ganador y el perdedor. Vivimos tiempos apasionantes.
Publicado en El Universal, el 16/2/12.

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